FEMINISTA
- LeerParaNoCaer

- 20 ago 2019
- 4 min de lectura
ALEJANDRA ALDANA ALCÁNTARA
Activista por los Derechos de mujeres y poblaciones de la diversidad sexual desde 2015.
Estudia la Licenciatura en Derecho en la Universidad Tepantlato A.C. Estudió los cursos de Derechos Humanos y Género, Diversidad Sexual y Derechos Humanos y Autonomía y Derechos Humanos de las Mujeres en la Comisión Nacional de Derechos Humanos, así como el Taller en Amparo en la Universidad Tepantlato A.C.
Fundó TAG Conferencias, organización desde la cual imparte conferencias dirigidas a temas de género y diversidad sexual en universidades como La Ibero, UVM, ITAM, UAM y UNAM.
La primera vez que escuché esa palabra, que escuché que se me atribuía tal personalidad, no fue de mi boca ni mucho menos por sentirme identificada con tal vocablo. Hubo alguien que se encargó de “etiquetarme”. Y después de un par de años, se lo agradezco.
Pero es necesario empezar por el principio: ¿Qué diablos era ser feminista y por que me estaban atacando de tal forma? Es menester mencionar que no tenía ni idea de qué era el feminismo, quiénes eran las feministas ni todo lo que eso implicaba. Y es que en ningún momento de mi simple existir pensé que mi forma de ver las cosas era razón suficiente para identificarme con un movimiento tan revolucionario y necesario para nuestra sociedad como lo es el feminismo.
Escuchar la palabra feminista me hizo, como buena autodidacta que soy, tener la curiosidad de investigar sobre el tema. Leí libros, artículos, revistas, opiniones en redes sociales, hablé con feministas, escuché podcasts, hice todo lo que estuviera a mi alcance para poder entender qué era el feminismo y por qué le era fácil a la gente identificarme con tal movimiento, hasta que caí en cuenta de que lo realmente necesario era vivirlo, a mi manera, con la disposición de aprender y aprehender, pero sobre todo, haciéndome sabedora de que no cuento con la verdad absoluta y que probablemente estaría sometida a duras críticas por parte de mi círculo más cercano por comenzar a cambiar muchas cosas sobre mí y sobre todo lo que pudiera cambiar.
Al pasar de los años, dos para ser totalmente exactos, mi feminismo se ha radicalizado de tal forma que no queda rastro alguno de la mujer que, en primera instancia, se sintió ofendida por habérsele atribuido tal adjetivo, ni de aquella activista que pensaba que el feminismo liberal (teoría individualista cuyo objetivo es la igualdad política, económica y social entre hombres y mujeres) era lo mejor que lo podía haber ocurrido. Y es que hoy en día me es imposible pensar que “el cambio está en uno mismo”, que las mujeres tenemos total accesibilidad a la oportunidad de ser iguales ante los hombres; hoy en día sé y reconozco que existe un sistema patriarcal donde las mujeres somos oprimidas, donde realmente no existe oportunidad alguna para ser “igual” que los hombres, y que dicha oportunidad no va a existir hasta que derribemos el patriarcado, porque no se va a caer solo.
Me di cuenta de que los vientres subrogados no son un acto de buena fe que pretenden subsanar la incapacidad de algunas o algunos para tener hijos, es un acto que pretende comercializar nuestros úteros; que la despenalización del aborto deviene del derecho a la libertad y a la auto regularización y autodeterminación de mi cuerpo, ejes rectores de la dignidad humana; que la prostitución no es una forma de liberación sexual sino al contrario, fue, sigue y seguirá siendo una forma de esclavizar a la mujer.
Asimismo, me di cuenta de que mi pareja no es mi propiedad, que cuando tenga hijas o hijos trataré no estereotiparlos y dejarlos elegir libremente su género, que las cosas no las obtengo porque soy mujer, que tengo derecho a tener un piso igualitario de oportunidades, etcétera.
Y me deconstruí, y me di cuenta de que las mujeres no somos competencia, que somos puente, que somos paños, que somos pilares de apoyo. Que somos la voz de las que ya no están, que somos la voz de quienes aún no la encuentran. Que somos, que estamos.
Podría escribir sobre lo maravillosa que es la teoría feminista y de lo tanto que he aprendido al respecto y de lo mucho que me falta por saber. Pero necesitaría realizar volúmenes enteros para poder describir a detalle mi experiencia como feminista. Y es que las experiencias feministas son tan diversas, somos tan diversas, el mismo feminismo lo es.
Si me preguntan mi definición de feminismo, daré la que he dado a lo largo de mis dos años como conferencista: “Como lo dijo Ángela David, y lo dijo bien, el feminismo es la idea radical de que las mujeres somos seres humanos. A esto me gusta añadirle: y que debemos ser tratadas como tal”. Si me preguntan mi definición de feminista, no podría darla. Estrictamente podríamos hablar de toda mujer que se siente identificada con el feminismo, pero ser feminista no se trata de intentar definirnos, se trata de vivirnos, de sentirnos, de ser.








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