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FALTA DE ACCESIBILIDAD EN EL DISEÑO: DISEÑO UNIVERSAL

  • Foto del escritor: LeerParaNoCaer
    LeerParaNoCaer
  • 20 ago 2019
  • 4 min de lectura


Roxana Sánchez Aguilar

Arquitecta en construcción, diseñando su propio camino.

Estudiante de la Universidad Autónoma Metropolitana, desayuna arte, come música y cena literatura. Apasionada por todo lo que hace, ha buscado siempre ir más allá de lo solicitado, agregando en cada encomienda un toque personal que caracterice e imprima un poco de ella en todos los proyectos en los que participe.


Lo escribió Iván Alejandro Ramirez, arquitecto y profesor de la Universidad Autónoma Metropolitana.


La arquitectura y el diseño urbano han buscado a lo largo del tiempo modificar la naturaleza para crear espacios que cumplan con las necesidades de la sociedad. Un aspecto distintivo de la humanidad ha sido esta preocupación por adaptar el entorno para quienes lo habitan, esto incluye miembros del grupo con alguna discapacidad.


Respecto a la accesibilidad tenemos que tener en cuenta que estamos en una fase de temprana concientización y acción tanto a nivel académico y profesional, como social. No obstante, este parece un buen momento para reflexionar sobre cómo queremos moldear nuestro futuro, cómo a través de estas disciplinas podemos crear espacios mucho más inclusivos y accesibles, ampliando así, el espectro para el que diseñamos nuestro entorno.

Aunque es cierto que ya existen normativas de accesibilidad en México, realmente no hemos llegado a un estado de profunda concientización sobre el tema.


Al mirar una edificación y ver presentes una rampa y un cajón de estacionamiento pintado de azul hay que reflexionar, ¿Diseñamos porqué realmente queremos un diseño accesible o sólo lo incluimos para cumplir con la normatividad?


No se cumple con lo que el Manual de Normas y Técnicas de Accesibilidad exige, se aparenta el cumplimiento del mismo y aun así colocamos un escalón antes de una puerta, lo cual es evidentemente incongruente.


Para lograr un diseño accesible que realmente funcione se necesitan dos cosas, conocimientos técnicos y empatía. Ojo, empatía no es pensar en las vivencias de otra persona como algo ajeno, sino pensar en esos obstáculos del día a día que estas personas con capacidad tienen que librar, apropiarnos de las mismas problemáticas para así entender las necesidades de una mejor manera.


Hasta el último censo realizado por INEGI, las personas que cuentan con algún tipo de discapacidad en México son 5 millones 739 mil 270, lo que representa el 5.1% de la población total. Las discapacidades más predominantes en la población son motora (con 58.3%) y visual (27.2%). Para aquellas personas que clasifican a las personas con capacidades diferentes como una minoría, estadísticamente lo son, pero no hay que perder de vista la cantidad de personas que estamos demeritando, solo hace falta voltear a ver las cifras.


Al hablar de un Diseño Universal hay que optar por un poco de reflexión en lo que ello significa, se quiere lograr un diseño en donde absolutamente cada individuo de nuestra sociedad tenga igualdad de condiciones, al entorno, el transporte, la información y las comunicaciones, y a otros servicios e instalaciones abiertos al público, tanto en zonas urbanas como rurales. El diseño universal no solo incluye a las personas con discapacidad, también a mujeres embarazadas, adultos mayores, personas de talla baja, niños y en general personas con una limitación temporal.


Poco se ha querido invertir en el diseño universal en edificaciones particulares, y ni hablar del espacio público, sin embargo, debemos dejar de lado los estigmas que se tienen con esta clase de diseños.

En primer lugar, se considera en muchas ocasiones un gasto o una pérdida de dinero la compra de materiales de apoyo, como pueden ser las barras de soporte, pavimento táctil, letreros en braille, etc. ¿por qué no ver la compra de estos como una inversión? Una vez que las personas con discapacidad noten que se les toma en cuenta comenzarán a visitar esos lugares, generando más ingresos al ampliar el espectro de visitas. Otro pensamiento frecuente dentro de la accesibilidad es la falta de estética en el diseño, no por ser un proyecto accesible tiene que ser feo, podemos jugar con las texturas, aprovechar todos los sentidos para que si uno de ellos es carente, tenga otros más para disfrutar y explotar. Se trata de llenar de emociones, no solo a las personas con discapacidad, si no al público en general.


Un ejemplo de que la estética y el diseño universal no están recíprocamente peleados, a nivel urbano, es la explanada de Bellas Artes y la Alameda Central, si observamos a detalle no encontraremos ni un solo escalón en toda la explanada, ni siquiera en las uniones hacia la calle, toda ella tiene ligeros desniveles con pendientes muy pequeñas, casi imperceptibles, tienen toda la normatividad en orden y es un lugar bellísimo y un centro social-recreativo muy importante. Un ejemplo arquitectónico podría ser la Biblioteca para Débiles Visuales de la arquitecta mexicana Gabriela Carrillo que tiene un juego de materiales y texturas bastante interesante, creando un diseño para todo público.


Así como jugamos con el espacio y la luz, deberíamos controlar la experiencia arquitectónica en todas sus dimensiones. El reto es pensar en todos y cambiar los procesos habituales; reducir el foco del diseño para ampliar los usuarios a los que nuestras acciones van dirigidas.


Ampliar la diversidad de los usuarios en arquitectura y diseño urbano significa introducir la dimensión social, hacer protagonista al usuario. Si el medio urbano o arquitectónico heredado no se ajusta a las necesidades de la sociedad, parece lógico modificarlo, no considerándolo un fin, sino un instrumento al servicio de la sociedad.


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